De la recuperación a la organización  

 

Un repaso por la historia, la conformación embrionaria y política de los trabajadores de FACTA.

 

Una mirada al interior de sus proyectos, logros y desafíos dentro del cooperativismo de trabajo.

La conformación, en diciembre del 2006, de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA), fue el fruto de un proceso de debate que se extendió por varios años y que tuvo como protagonistas a trabajadores que habían recuperado empresas quebradas y abandonadas por las patronales y coincidían en la necesidad de crear una herramienta organizativa más firme que las que hasta entonces se habían dado. Y no es que esos trabajadores hayan renegado antes de la importancia de juntarse y agruparse, pero los intentos en ese sentido, chocaron en un primer momento con varios escollos. Uno de los principales, las dificultades propias de los comienzos de las reactivaciones de las empresas, a fines de los 90, en plena recesión económica y con un marco político todavía signado por el reinado del neoliberalismo salvaje.

Cuando los trabajadores por aquel entonces ocupaban las fábricas para preservar las maquinarias, casi siempre al cabo de largos conflictos por falta de pago de salarios, no tenían mucho tiempo para proyectar organizaciones nacionales. Lo urgente era resistir los intentos de desalojo y los operativos de represión ordenados por un poder político que los tildaba de “usurpadores” y “delincuentes”; y a su vez, comenzar a generar ingresos para sostener el inicio de la patriada.

A la vez, esa orfandad de respaldos desde el poder fue la que empujó y abonó el relacionamiento por abajo, con la solidaridad como bandera. Y aparecieron referentes que comenzaron a moverse por todo el país y a unir las luchas incipientes y desperdigadas, y fueron tomando forma agrupamientos como el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) que rápidamente se vincularon con las organizaciones de desocupados y los sectores populares que enfrentaron decididamente el ajuste constante y promovieron el fin de una etapa con el estallido de diciembre del 2001 como punto culminante.

Un nuevo contexto comenzó a asomar entonces. Los “usurpadores” y “delincuentes” pasaron a ser ejemplo de cómo resurgir de las cenizas y comenzaron a delinear un modelo de producción que, más allá de algunas experiencias anteriores, significó una de las novedades políticas y económicas más importante desde la recuperación de la democracia.

Hoy FACTA cuenta con más de 30 cooperativas de trabajo afiliadas a lo largo y a lo ancho de todo el país. Estos trabajadores, en su casi absoluta mayoría fueron insertándose de manera progresiva con fuerza en el mundo cooperativo, que, con su larguísima historia a cuestas miraba el fenómeno de las recuperaciones con cautela. Para los trabajadores de las recuperadas la cooperativa fue la única herramienta a mano para sostener sus luchas y “legalizarlas”, pero la mayoría de ellos poco y nada sabía de cooperativismo, y entender y aprehender el cooperativismo no es cosa de cinco minutos.

Con el transcurso del tiempo –no sin fracasos y decepciones– las cooperativas de las recuperadas se fueron consolidando y definiendo un perfil propio; y miles de trabajadores demostraron que era posible y viable una alternativa a la defección patronal y a los vaciamientos fraudulentos de empresas.

Ya había más tiempo, entonces, para pensar en solidificar y dar organicidad a aquellos vínculos surgidos al calor de la lucha y las necesidades compartidas, y FACTA no es más –ni menos– que un emergente de esa nueva etapa que se comenzó a transitar, ya con el acento más puesto en el “producir” que en el “ocupar” y el “resistir”.

Claro que el producir tampoco es un verbo sencillo de conjugar para quienes nunca antes debieron asumir las conducciones de los procesos productivos; y cuando esos procesos productivos se desarrollan de modo colectivo y democrático, en igualdad de condiciones entre quienes los protagonizan. Este uno de los grandes desafíos que enfrentan los trabajadores agrupados en FACTA y uno de los aportes que necesitan de la experiencia del movimiento cooperativo local e internacional.

De allí que FACTA haya resuelto integrarse a Cooperar y establecer relaciones con las entidades internacionales del cooperativismo, y sea una de las impulsoras de la Unión

de Federaciones de Cooperativas de Trabajo y Empresas Recuperadas junto con FECOOTRA, A.N.T.A, FECOOAPORT, FERyCOOTRA, y otras organizaciones no federadas. Esta unión es la expresión concreta de los trabajadores cooperativistas más experimentados y de quienes recuperaron su fuente de trabajo. Este camino de unidad ya está generando sus frutos, como son los proyectos de integración entre todas  las cooperativas, la creación de redes de comercialización entre los integrantes por rubro para proyectar la solidaridad y no fomentar la competencia entre compañaeros,  y  una infinidad de proyectos que se están trabajando en diferentes comisiones de trabajo de la Unión para lograr la mejora de las condiciones de producción y comercialización de las cooperativas. Sin dudas,  la fusión de creatividad, experiencia  y organización de unos y otros trabajadores, garantiza, un futuro cargado de proyectos de trabajo.  

Este es el presente de FACTA,  peleando el día a día, intentando afianzar de un trabajo colectivo entre los cooperativas, sin dejar de lado la identidad de clase de los trabajadores que la conforman, que entienden como propias todas las luchas contra las injusticias a las que se ven sometidos millones de obreros y empleados que pugnan por mejores salarios y condiciones laborales y, por construir, definitivamente, un país para todos.