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REVISTA AUTOGESTIÓN

La Unión de Federaciones en el V Congreso de Economía Social en La Falda

 

 

Síntesis de los principales hechos, discusiones, reflexiones y debates que dejó el V Encuentro de cooperativismo y la Economía Social: El desafío de la integración del cual participaron de manera activa más de 3000 compañeros de todo el país.

 

Por Jaime Galeano y Fabián Silveira

 

Sentando las principios de la unidad.

 

Los días 11, 12 y 13 de diciembre se desarrolló el V Congreso de Economía Social en la localidad cordobesa de La Falda donde participaron más de 800 compañeros vinculados a unas tres mil cooperativistas y federaciones de trabajo. Este evento contó con la participación oficial de la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner, el economista Aldo Ferrer y el presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), Patricio Griffin. Nuestro sector tuvo un apéndice aparte dentro del cronograma, producto del trayecto político logrado a través de estos últimos años de recuperación de empresas y fábricas por un lado y por la consolidación del Trabajo Cooperativo.

Desde la apertura al cierre de las jornadas, los cooperativistas de trabajo se destacaron del resto porque llenaban los micros, salones y comedores de manera imponente y casi siempre en grupos. Se los podía ver a los compañeros y compañeras nucleados a las cooperativas de trabajo bajo la resolución Nº 2038 caminando orgullosos con sus coloridas remeras, otros con camisas de trabajo o sus uniformes cotidianos. Todos se distinguían por sus atuendos, chombas o remeras. De esta forma, la indumentaria generaba el primer acercamiento para quienes se conocían solo por referencia, comentario o de alguna manifestación en común. “Mirá esos son de la cooperativa tal...”, se escuchaba murmurar a los compañeros por los pasillos del hotel.   

De cada uno de los talleres, cursos y seminarios de Trabajo surgían reflexiones comunes que desde la Unión de Federaciones y las cooperativas no federadas venimos  discutiendo o planteando desde hace tiempo. Todos y cada uno de los presentes concordaron en líneas generales en que la razón social de nuestras organizaciones y el principio que nos guía es la fuerza del trabajo, que a los cooperativistas genuinos nunca nos unió el lucro sino nuestra fuerza del trabajo.

De esta manera, casi en silencio venimos forjando una verdadera Economía Social, pero sabemos que ya no nos basta con el reconocimiento. Debemos generar, buscar las estrategias políticas adecuadas para lograr los consensos políticos y que estos se transformen en hechos concretos. Nuestros horizontes políticos fueron remarcados en cada acto e intervención del cronograma.

El cooperativismo de Trabajo necesita una Ley de Cooperativas de trabajo, en este sentido se consensuó el proyecto de Ley en elaboración (ver dossier Nº 1 de la revista UF).

También se requiere de la Ley de expropiación definitiva de las empresas recuperadas. Se planteó la necesidad de fortalecer los procesos de recuperación de empresas procurando la tenencia definitiva de los medios de producción.

Además, debe lograr la continuidad de aportes del Estado Nacional para fortalecer las unidades productivas.

Establecer planes de capacitación continuos para dirigentes y asociados en aspectos técnicos y de gestión cooperativa.

Procurar un sistema de cobertura social y jubilatoria para los asociados.

Realizar acciones de prensa y difusión que posicionen al sector ante la sociedad.

Convocar a un encuentro del Cooperativismo de trabajo para el día del trabajador, lugar a definir, entre otras cosas.

 

Como balance se podía escuchar a más de uno justificar que “necesitamos que los discursos se plasmen en hechos concretos”. Esto se debería dar a partir de un plan de acción político concreto que, más allá de las diferencias lógicas y necesarias, nos una a todos los actores. Ya demostramos con innumerables experiencias que estamos en condiciones humanas y productivas de convertirnos de una vez por todas en un actor privilegiado en la economía nacional.

En el actual contexto de crisis capitalista mundial, ha quedado absolutamente trunco el paradigma de que el mercado “todo lo puede” y que se regula por sí mismo, de derrumbe de los pilares liberales y neoliberales. Desde Estados Unidos demostraron que no eran tan sólidos, sino que eran simples burbujas. En el corazón del capitalismo financiero, el Estado tuvo que salir al salvataje de miles de empresas, y todavía hoy lo sigue haciendo. De esta forma, asistimos a un escenario nuevo, complejo y difícil. Sin embargo, esta coyuntura no implica un avance a un modelo de economía mundial distinta, ya que a lo largo de la historia el capitalismo feroz demostró siempre su capacidad de reinventarse. Y si de algo estamos seguros es que los une la especulación, la ganancia sin límites, en suma, la explotación cada vez mayor de los trabajadores.

En nuestro país, más que nunca, los trabajadores autogestionados debemos seguir apostando a nuestros principios solidarios rectores. Debemos seguir aunando esfuerzos para actuar de manera urgente y definirnos como un sujeto político capaz de transformar la realidad de nuestro sector.

 

Nueva etapa. Nuevos desafíos

 

En La Falda se pudo avanzar con la idea primordial de que el cooperativismo de trabajo se encuentra en una etapa superadora o en una nueva fase. Si bien seguirán conformándose nuevas cooperativas de trabajo para asociarse y generar una alternativa al modelo tradicional capitalista (trabajador-patrón), hoy seguimos recuperando nuestras fuentes de trabajo en empresas quebradas o vaciadas, como en estos días lo encarnan los compañeros de Arrufat e Indugraf. Están en la lucha por la recuperación de sus empleos y de su dignidad. Todo parece indicar que van a organizarse bajo la autogestión cooperativa. Y todo indica que si la crisis se agrava, tendremos  más conflictos de esta índole en puerta.

Pese a ello, los trabajadores que creemos y apostamos en la autogestión debemos mirar hacia atrás y recoger las experiencias, aprender de los errores y tratar de gestionar nuestras empresas con mayor eficacia para competir en un mercado cada vez más salvaje. No podemos seguir viviendo en un permanente estado de catarsis y de diagnósticos de lo que ocurrió.  Necesitamos que dichas experiencias nos fortalezcan para trabajar mejor en la producción y elaboración de nuestros productos y bienes. Podemos impulsar mercados propios de la Economía Social, donde se exhiban todos nuestros bienes y productos directamente al público ávido de consumir y apoyar estas experiencias.

Entre los objetivos a lograr en la agenda de 2009 que se comenzó a delinear en el cierre del Encuentro de La Falda, y que desde la Unión de Federaciones debemos trabajar de manera colectiva, de manera militante, podemos apuntar los siguientes:

Como prioridad, este año nos tiene que unir a partir de la sanción definitiva de una Ley de cooperativas de trabajo; debemos reorientar la política subsidiaria del Estado; reformar la Ley de Quiebras para que de una vez por todas coteje las problemáticas de las empresas recuperadas, y seguir con las capacitaciones técnicas.

Urge la necesidad de que en los anuncios oficiales se tenga en cuenta de manera sostenida al cooperativismo de trabajo en los planes de obras públicas, que compitan de manera igualitaria en las licitaciones; y que las cooperativas sean sujeto de créditos para estimular y mejorar maquinaria obsoleta; es decir, incrementar el capital de trabajo, que es en definitiva lo que nos permitirá competir en mejores condiciones.

Otro de los objetivos a concretar es la realización del primer congreso de cooperativas de trabajo. Este hecho –que será histórico-  nos dará la posibilidad de plantearnos y mostrarnos ante la opinión pública como un sector político que busca su lugar en la sociedad.

 

En definitiva, el La Falda se sellaron a fuego los desafíos del cooperativismo federado. Estos solo se podrán alcanzar con la unidad y el trabajo en común.. Y es nuestra obligación, demostrar nuestro poder en la acción. De nosotros depende transformarnos en un movimiento político, económico y social que se siente a discutir los grandes problemas del país en  la mesa chica.