Afianzar los valores cooperativos
Se cayó el muro de Wall street
Por Fabio Resino
Nuestra filosofía se basa en valores inalterables, permanentes: la cooperación y la solidaridad.
Hoy más que nunca. Nos basta mirar a nuestro alrededor lo que está sucediendo en el mundo.
La crisis financiera internacional es un huracán que se lleva todo a su paso. Parece imitar a una gran catástrofe natural, como un ciclón o un tsunami, y se cobra sus víctimas: habrá más pobreza, más desempleo, millones de personas en Estados Unidos perderán sus viviendas. Una crisis que nadie puede explicar y que nadie tiene la receta para conjurar. Una crisis que nace de las inmensas riquezas creadas, que nace del exceso. En Estados Unidos el gobierno de Bush quitó impuestos a los ricos y se la subió a los pobres. Además bajo la religión del libre mercado, desreguló los negocios y las finanzas. El dinero fluyó en manantiales. pero hacia los bolsillos de las clases ricas, los CEOs, los gerentes y accionistas. Sobre ellos se construyó el castillo de naipes de la timba financiera, prestamos sobre hipotecas sobre bonos, sobre títulos, valores sobre valores virtuales. La condición de esos negocios es que todo se vuelva una mercancía. Que la vivienda se vuelva una hipoteca, que esa hipoteca respalde con su valor, bonos, que colocados en el mercado den dividendos. Lo que importa es que todo sea una mercancía. Que dé dividendos. El trabajo es la fuente de esos dividendos.
El fundamento de esta crisis es sencilla, es el mismo fundamento que el del capitalismo como tal: la búsqueda de la maximización de las ganancias.
El capital solo encuentra vida allí donde explota trabajo ajeno. Por eso el capital ha transformado al mundo entero en una gran mercancía.
Nuestros valores son opuestos. Se basan en el trabajo cooperativo, no en la explotación del trabajo ajeno. Se apoyan en el reparto de lo producido de manera equitativa. Son valores que buscan elevar la condición moral y espiritual del trabajador, y los aumentos de productividad los entiende no como una condición de la ganancia sino de las mejoras en la calidad de vida de la sociedad, incluso una condición para la disminución de las horas de trabajo, para alcanzar más tiempo libre para todos los trabajadores.
El cooperativismo lleva el germen de una nueva sociedad, porque puede pensar lo que produce y el gasto de la riqueza social en función de las necesidades de la gente, algo que la sociedad misma, por medio de su deliberación colectiva puede decidir.
En tiempos en que un sistema basado en el egoísmo y el triunfo personal sobre los demás, cuyo sostén es la competencia y no la solidaridad, el capitalismo entró en crisis y pretende arrastrar a toda la sociedad a su propio abismo, es importante resaltar los valores del cooperativismo, de la acción colectiva y la organización laboral no competitiva que guían nuestros principios. Porque ellos conforman un núcleo de valores que pueden ser el día de mañana los que alumbren la sociedad del mañana, triunfando incluso sobre aquello que nos enseñaron no tenía alternativa: la libertad de mercado y el capitalismo.